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Didier Dinart, el técnico campeón con Francia que fue pregonero de nuestra Feria y Fiestas PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 01 de Febrero de 2017

Didier Dinart celebra la victoria en el Mundial, este domingo, en París. FRANCK FIFEAFP-PHOTOAquel verano no hubo en toda La Mancha (¿en toda España?) un pregonero con mejor currículo. Campeón de cuatro Champions, dos Juegos, tres Mundiales y dos Europeos, en julio de 2015 Didier Dinart (Pointe-à-Pitre, Francia, 1977) llegó a Calzada de Calatrava, 4.000 habitantes, a 50 kilómetros de Ciudad Real, y, en el clímax de su discurso, proclamó: «Éste es uno de los pueblos importantes de esta región». La sentencia pudo parecer exageración, los vecinos de municipios cercanos así lo creerían, el local Pedro Almodóvar diría todo lo contrario, pero, seguro, no era desconocimiento. El francés conoce la zona como nadie.

Emblema defensivo del Balonmano Ciudad Real desde su llegada en 2003 hasta la conversión del club en Atlético de Madrid en 2011, Dinart siempre quiso quedarse a vivir en La Mancha y, hasta la fecha, nada ha conseguido cambiar su deseo. Ni la mareante oferta que le llevó a retirarse en 2013 el París Saint-Germain ni su incorporación poco después al cuerpo técnico de la selección francesa. El designado Mejor defensor de los últimos 20 años por la Federación Internacional (IHF) aún reside en el centro de Ciudad Real junto a su mujer Lucía y sus hijos y, desde allí, este domingo lo confirmó, es capaz de dirigir con éxito al mejor equipo de todos los tiempos.

A sus órdenes, la Francia eterna, la Francia de Les Experts, la Francia de Nikola Karabatic venció a Noruega en la final del Mundial de casa (33-26) y levantó el sexto título planetario del país, el cuarto desde 2009, con la única excepción del éxito de España en 2013. Después de la decepción en su primer torneo como seleccionador principal, una plata en los Juegos de Río, Dinart pudo resarcirse y confirmarse perfecto sustituto para Claude Onesta, maestro en el banquillo galo desde 2001 hasta el año pasado. Aunque corrió el riesgo de sufrir una segunda desdicha.

Hasta tres minutos antes del descanso, Francia fue atropellada por una Noruega demasiado joven, siempre a la carrera, bajo la dirección de Sander Sagosen y colgada de los brazos de los cañoneros Kent Robin Tonnesen, Espen Lie Hansen o Eivind Tangen. Pero ocurrió un milagro. En otras gradas, en otras tardes, en ese momento los aficionados ya estarían haciendo cola en el puesto de bocadillos; en el Palais Omnisports de Paris-Bercy casi 15.000 personas decidieron entonces ponerse a cantar La Marsellesa a capela. Y así cambiaron la final.

Con sus notas recordaron a su selección que la victoria era la única opción, que realmente jugaba en casa, que el último tropiezo era demasiado reciente, y ésta se lanzó en violenta remontada. En sólo 10 minutos, con más cabeza que corazón, liderada por los jóvenes Nedim Remili, Kentin Nahe y Ludovic Fabregas, Francia igualó la intensidad de su adversario, pasó del 14-16 (min. 25) al 23-18 (min.36), aseguró más gloria para un palmarés envidiable y ratificó la forma de vida de Dinart.

«La mayor parte del tiempo estoy ante el ordenador para gestionar a diario diferentes temas con los entrenadores de la Federación Francesa, pero también aprovecho ahora para disfrutar con mi hijo, algo que no podía hacer como jugador», comentaba el técnico tiempo atrás a Hand Station sobre su metodología, antes de explicar varios de sus proyectos en la zona: hace unos años creó una marca de ropa bautizada como Roca 33, su apodo y su número, que llegó a vestir al Balonmano Alarcos, de División de Honor Plata, y con su mujer administra un centro de belleza llamado Blanco de Dinart.

La necesidad de vivir en París es compensada por muchas horas de vídeo y numerosos viajes, incluso a los territorios de ultramar donde nació. Natural de la caribeña Guadalupe, abandonado por su padre de crío, Dinart empezó a jugar al balonmano a los 14 años y a los 16, por su tremendo físico, ya era requerido por los cazatalentos de la Francia continental para hacer una prueba en Dijon. El talento, asegura él, no le llegaba para atacar, pero empeño le sobraba para defender y así construyó una carrera que encontró su mayor brillo en Ciudad Real. Muchos títulos como jugador después allí sigue y allí seguirá muchos títulos como entrenador antes.

Fuente: http://www.elmundo.es

 

 
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