Paisajes de Calzada

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Siglo XIX PDF Imprimir E-mail
Martes, 13 de Enero de 2009

En los albores del siglo XIX Calzada, todavía villa, presenta un panorama caracterizado por el comienzo de una nueva época de desarrollo que, si bien quedaba lejos de llevar la prosperidad a todos sus habitantes, al menos produjo una efímera bonanza económica que permitió el crecimiento de una clase social acomodada. Este sector de la población, al que llamaremos "nueva burguesía" por definirlo de alguna manera, comenzaba a simultanear con mayor frecuencia la explotación de sus bienes agrícolas con otras actividades de carácter industrial, aprovechando, en la mayoría de los casos, los beneficios obtenidos de la agricultura para invertir en negocios directamente relacionados con ella.

Según nos informa Miñano en su diccionario, en 1.826 Calzada tenía 4.641 habitantes, parroquia, convento y hospital, buen caserío y un terreno muy fértil, industria de paños y lienzos y telares de encaje.

Las Guerras Carlistas (1.833-1.839) tuvieron una importante repercusión en Calzada puesto que se desarrollaron con gran crueldad, debido a parte destacada de la población se inclinó por el bando Carlista, hecho que desembocó, entre otras cosas, en la quema de la iglesia parroquial el 25 de febrero de 1.838 en donde, según Madoz, murieron 163 personas entre solados, milicianos nacionales, mujeres y niños.

En el panorama social, y teniendo en cuenta períodos de recesión como el de las Guerras Carlistas, el fugaz desarrollo ya mencionado no hacía sino aumentar aún más las diferencias sociales entre aquellos cuyo ascenso social era indudable, y los que permanecían anclados en un sistema de vida rural que solamente les permitía pensar en el día a día.

Sin duda ninguna, esta serie de connotaciones serán decisivas desde el punto de vista de la creación de nuevas obras y edificios de mano de la intervención pública, tanto a nivel municipal, como provincial y nacional, pues, no en vano, serán las clases con mayor poder económico, que a la sazón ocupaban los cargos públicos más influyentes, las más beneficiadas a la hora de crear una infraestructura mínima que posibilite la expansión industrial. De este modo, en 1.890 se inaugura el cementerio actual, en 1.893 se construye el nuevo Ayuntamiento , el 20 de marzo de 1.894 llegó el ferrocarril y ese mismo año se proyectan las nuevas escuelas públicas. Y así sucesivamente hasta que por fin, el 22 de enero de 1.895, la Reina Regente María Cristina concede el título de Ciudad "...por el aumento de su población y progreso de su agricultura..." ; de hecho, en un período de cincuenta años prácticamente duplicó su población, pasando de 3.840 habitantes en 1.848 a los 6.541 habitantes en 1.897.

 
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