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Pregón 2007 PDF Imprimir E-mail
Jueves, 04 de Junio de 2009

D. Fortunato Valencia Camacho

Dignísimas autoridades, civil y eclesiástica, Sr. Presidente de la Junta Pro - Semana Santa, Hermanos Mayores de las distintas Hermandades, Presidente de la A.C.Armaos, familiares, paisanos y amigos; buenas noches.

Cuando la Junta Pro -Semana Santa me invitó, generosamente, a pronunciar el pregón de nuestra Semana Santa, he de confesar que me mostré encantado ante tal honor, para que voy a decir lo contrario. Se trata de describir, nada más y nada menos, que una de las celebraciones religiosas y culturales de más arraigo en nuestro país y, por supuesto, en nuestro pueblo, y además hacerlo aquí, rodeado de tantos paisanos y amigos.

Después de la aceptación vino el vértigo, una especie de sensación de pánico al abordar un tema sobre el que ya han hablado desde esta tribuna, anteriormente a mí, doce pregoneros que han dejado el listón muy alto, y sobre el que se han pronunciado, a lo largo de los tiempos, los más preclaros investigadores, artistas, escritores y poetas.

Con este pregón pretendo, no sé si lo conseguiré, hacer una crónica, con diversas vivencias personales y con detalles de nuestra Semana Santa, que pueden ser desconocidos para algunos de vosotros.

No es mi intención adentrarme en planteamientos religiosos o teológicos de lo que significa la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, ni del trabajo impresionante y tenaz que realizan las distintas Hermandades, pues eso a la vista está. Quiero hablar de sentimientos, de sensaciones, de pequeñas vivencias, de recuerdos de mi infancia y adolescencia en torno a nuestra Semana Santa. Va a ser un pregón, os lo puedo asegurar, hecho con el corazón.

Permitidme, al comenzar, que este pregón sirva como homenaje a todos los ausentes, que con su granito de arena, ayudaron a que hoy podamos disfrutar de la Semana Santa que tenemos y seguro que ellos están cada día disfrutando de otra Gran Semana Santa, viendo lo que cada uno luchamos por ésta y desde allí nos ayudan, seguro, a engrandecerla.

Yo he tenido la suerte de pasar las cincuenta y dos Semanas Santas que he vivido, aquí en mi Calzada, en nuestra Calzada. Con la que empieza mañana serán cincuenta y tres. Pero quiero reconocer públicamente que, en gran parte, se lo debo a la comprensión y la tolerancia que hacia mí ha tenido Mercedes, mi mujer, que ha sabido aguantar tantas y tantas procesiones sola y al tiempo que le he quitado a ella y a mis hijos para dedicárselo a nuestra Semana Santa. Sin ser de Calzada, es una calzadeña más, pues ha sabido y ha querido integrarse en las tradiciones de nuestro pueblo, metiéndose de lleno, en alguna ocasión, en ciertos trajines, cuando ha sido menester.

La llegada de la Semana Santa se percibe en el ambiente. De repente, pero de forma imperceptible, termina el invierno y cambia la luz, el color y la temperatura. Cambian los sonidos, y si no que se lo pregunten a los vecinos del Convento, y los olores... una vez que el almendro ha perdido las flores, "las aladas almas de las rosas de nata", que cantara Miguel Hernández, se abren las lilas y con ellas, días antes, días después, según los años, llega la Semana Santa.

Llega la primavera, un aliento nuevo saluda a la naturaleza, las noches se abovedan de astros y es en esta época cuando surge la copla, de la que Antonio Machado dijo que es:

"Cantar del pueblo andaluz que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz....".

Sí, todos los años, no solo el pueblo andaluz, sino todo el pueblo cristiano sale a la calle y la convierte en templo, en "Vía Crucis".

Aquí, en Calzada, el comienzo de la Cuaresma, antesala de la Semana Santa, lo marcan dos sonidos muy característicos y familiares para todos nosotros, los toques de bocina y el tintineo de la campanilla del Pecado Mortal, que tanto nos gustaba tocar de niños.

Cuando yo nací, hace ya algunos años, en nuestra Semana Santa solamente había dos Hermandades: los blanquillos y los negrillos. Ahora tenemos cuatro y la A. C. "Armaos", ¡total no hemos avanzado nada!.

Desde entonces soy blanquillo y negrillo. Mis primeras túnicas me las hizo mi madre cuando tenía tres o cuatro años años, una de blanquillo y otra de negrillo. Por las fotos de Miguelito Pérez, Pepe Cañadas y Nicasio tendría yo esa edad. Las dos las conservo aún y la de negrillo se la han puesto mis cuatro hijos. Espero ver también a algún nieto con ella puesta. Antecedentes semanasanteros en mi familia ha habido muchos, por lo que la pasión por nuestra Semana Santa me viene desde la cuna y, seguro, me seguirá hasta la tumba.

Era un gran ceremonial y una enorme ilusión para mí, cada año, cuando faltaban quince o veinte días para Semana Santa y mi madre sacaba la túnica para que me la probara por si había que sacarle la bastilla. A partir de ese día la túnica ya se quedaba colgada para que se aireara. Ceremonial que, año tras año, se ha ido repitiendo en mi casa hasta que mis hijos han dejado de crecer y ya, por fin, no hay que arreglarlas.

Cuando la túnica de negrillo se me quedó pequeña, unas parientas solteras, las que tenían un estanco en las esquinas Reales, en casa de Balbino, me dejaban una túnica antigua de tablas y todos los años iba a pedirla, me la dejaban con mil y una advertencias y, eso sí, en cuanto pasaba Semana Santa había que devolverla a toda prisa, para que al año siguiente estuvieran dispuestas a dejarla de nuevo. Así estuve algunos años hasta que me hice la que tengo ahora.

Actualmente, en mi casa, sacamos cinco túnicas, con sus correspondientes capillos, cordones, guantes..... etc y ya sabéis como son las mujeres para esto de tener ordenadas las casas. ¡Y más en Semana Santa!, por aquello de si viene algún forastero. Pero nosotros, mis hijos y yo, nos adueñamos de una habitación y allí montamos nuestro cuartel general y le decimos que hasta que no pase Semana Santa no se dispone de esa habitación. Lo peor viene después, pues ellos cada uno se va para su sitio y siempre le toca al mismo hacer zafarrancho en el cuartel. ¿Sabéis a quién?. Pues a mí.

Algo que recuerdo mucho de aquella época, era como al salir de la escuela, que estaba donde está ahora la guardería, durante la Cuaresma, casi todos los días pasábamos a la iglesia para ver los santos tapados con paños morados, que le daban un aspecto lúgubre y misterioso al templo, al mismo tiempo que el miedo y la curiosidad recorría nuestras infantiles mentes, sin llegar a comprender entonces lo que veíamos.

Luego, durante la Semana Santa y días antes, nuestras visitas eran continuas para ver los preparativos de los "tronos" de entonces y comentar lo bien que iban quedando "el borriquillo" o "Jesús Cautivo", pues no todas las imágenes se podían preparar al mismo tiempo, como ahora, pues había que ir cambiando de unas carrozas a otras las imágenes. De ahí, luego, las facturas de Francisco, el sacristán: "por poner y quitar y quitar y poner......". Extraordinario trabajo el suyo, pocas veces reconocido, lleva más de 60 años como sacristán, pero que tuvo que hacer filigranas con los mimbres que tenía en aquella época.

Siendo yo un niño, de tres o cuatro años, mi madre, con su vestido de novia, le hizo un manto blanco a la Soledad. Fue el primer manto blanco que tuvo. A partir de entonces se instauró el ceremonial de la caída del manto negro, en la Plaza de España, en el encuentro con el Resucitado, quedándose con el blanco para el resto de la procesión.

Con el paso de los años y la adquisición de nuevo trono y manto para la Soledad, aquel manto dejó de usarse y ha estado en mi casa, donde con esmero y cariño lo hemos cuidado, primero mi madre y luego nosotros. Todos los años lo sacábamos, lo extendíamos para que se aireara y nos llenaba de emoción contemplarlo. Hace unos años la Hermandad decidió tenerlo en sus dependencias y mucho mejor, pues cuánto disfruto al ir por el Convento y ver a la Virgen con el manto blanco. ¡Cuántos recuerdos de mi infancia me trae!. Veo a mi madre, en su soledad, cosiendo el manto para su Soledad, para su Virgen.

Y siguiendo con mis recuerdos vienen a mi mente vivencias relacionadas con los armaos. A principios de los setenta los armaos de pica estaban un poco de capa caída, solo salían Epifanio, Regino y Miñaca. Un grupo de amigos decidimos vestirnos de armaos. Pero no teníamos armaduras. ¡Vaya trabajo que costaba vestirse de armao!. Días antes de Semana Santa recorríamos las casas, donde nos habían dicho que tendrían armaduras, a pedirlas. En algunas nos las dejaban enseguida, en otras por compromiso con nuestras familias también nos las prestaban, pero ocurría a veces que, en alguna, la armadura ya había sido utilizada como mortaja al morir el armao y en otras, no nos las dejaban ni a la de tres.

Luego llegaba el momento de juntarnos a limpiarlas, en el patio de mi casa, muchas veces, y allí pasábamos dos o tres tardes en grande. Hubo hasta un gallo que peligró, porque nos hacía falta un plumero para una armadura.

Teníamos dos amigos que se incorporaron más tarde al grupo, a los que les llamábamos los reclutas, y tenían que desfilar por el patio para que los demás les diéramos el visto bueno y decirles que estaban preparados para formar parte de la Compañía. Hoy, uno de ellos, es de los armaos que aman a su Asociación y no falta ninguna Semana Santa a su cita con la pica.

Años más tarde adquirí mi propia armadura y he participado como armao en nuestra Semana Santa, de lo cual me siento muy orgulloso.

Mis últimas experiencias relacionadas con la Semana Santa han sido como Tesorero y Hermano Mayor de la Hermandad de Ntro Padre Jesús Nazareno. Esta última una experiencia inolvidable rodeado de un grupo de personas extraordinario, que formaron parte de la Junta Directiva, con un compañerismo y un espíritu de trabajo insuperable. A pesar del trabajo y el esfuerzo que supone, os aseguro que merece la pena por la cantidad de vivencias que te aporta. Vivencias que quedarán para siempre en mi corazón y que nunca olvidaré. Disfruté tanto que, por eso, no me importaría ser Hermano Mayor, de nuevo, a partir del próximo domingo y espero con ilusión a que alguno de mis hijos lo sea.

¿Qué me decís de los dulces que se preparaban en los días previos a Semana Santa?. Acompañaba a mi madre al horno, unas veces al de Angelico el panadero, donde está ahora La Despensa, o al horno de la Isidra, en la calle Comandante Camacho. Allí elaboraba los enaceitaos, las magdalenas, en las candilejas metálicas, y las pastafloras, cuyos moldes conservo aún.

Luego en casa hacía los rosquillos de sartén, los de boca cántaro y sobre todo los barquillos, que junto a mi tía Rita, los hacían finísimos, de los que se deshacían al comerlos. Eran unas auténticas maestras. Mi mujer ha salido muy buena alumna y los hace igual, con lo que sigo comiendo barquillos todos los años.

Y de los postres de Semana Santa, ¿qué?. La tarde de Miércoles Santo era y sigue siendo la dedicada a estos menesteres: natillas, flanes, arroz con leche...., pero el que más me gustaba y me sigue gustando, pues se sigue haciendo en mi casa, es el monte nevado. Con soletillas de Angelito el maquilero está que no se puede aguantar, como dice la gente joven.

Hagamos ahora un recorrido por nuestras Hermandades y por los armaos. ¿Qué os puedo decir que vosotros no sepáis?. Sabéis cuando procesiona cada una, qué actos tienen y qué importancia le damos a cada acto. No quiero dejar pasar la ocasión sin hablaros brevemente de la historia de cada una y algunas anécdotas relacionadas con nuestras Cofradías.

HERMANDAD DE LA SANTA CENA

Empezaré este recorrido por nuestras Hermandades con aquella que tiene un mayor significado litúrgico, que es la de la Santa Cena. ¡ Sí !. La más humilde, la que cuenta con menor número de hermanos, con menor presupuesto..... Pero representa, para todo cristiano, la institución de un sacramento, la Eucaristía. Jesús se reúne con sus doce y cenan juntos. Después sabe lo que le espera, pero quiere compartir con ellos, y a través de los siglos con todos nosotros, su Cuerpo y su Sangre. Es el sacramento del Amor. Este jueves, que era uno de los tres que relucía más que el sol, y sigue reluciendo, Jesús nos invita a amarnos los unos a los otros como Él nos amó. De ahí que se celebre el Día del Amor Fraterno.

La Cofradía de la Santa Cena cumplió el pasado año su medio siglo de andadura en nuestra Semana Santa. Fue el 29 de marzo de 1956 cuando se fundó y procesionó por primera vez en 1957.

La primera Junta Directiva estuvo formada únicamente por seis personas y se decidió que el Hermano Mayor fuera por sorteo, no pudiendo participar en el mismo los menores de veintiún años ni el que ya hubiera sido Hermano Mayor.

Acordaron la indumentaria que lucirían sus hermanos en el desfile procesional, que es la actual; pero que sería comprada, bordada y confeccionada por la Hermandad y el cofrade abonaría el importe en el momento de la adquisición. Se pretendía con ello lograr la máxima uniformidad.

La cuota de inscripción quedó fijada en veinte duros para los que se apuntaran antes del Domingo de Resurrección de 1957, subiéndose después a quinientas pesetas.

La Hermandad ha atravesado por momentos económicos muy difíciles, pues en el año sesenta y tres, por ejemplo, tenían en caja ciento veintiséis pesetas y noventa céntimos y debían 16.501 pesetas. A la vista de la situación optan por mandar un recibo extra de cinco duros a todos los hermanos y suprimir la asistencia de la Banda de Música a la procesión. Hacen una rifa y con todo consiguen mandarle al imaginero del "paso" dos mil pesetas. Hasta 1967 no vieron saldo positivo.

Poco a poco, gracias al trabajo de muchas Juntas Directivas y el apoyo económico de todo el pueblo han hecho posible la realización de diversos proyectos. Los más costosos fueron la adquisición del trono y la restauración de todas las imágenes. Actualmente sus necesidades económicas las tienen más o menos cubiertas, pero lo que más preocupa a las distintas Juntas Directivas es la falta de hermanos en sus filas en la mañana de Jueves Santo. Desde el marco que me brinda esta tribuna, animo a los hermanos a que cada Jueves Santo acompañen a su Cofradía.

Esta Cofradía, que en un principio estuvo formada únicamente por hombres, ha ido incorporando, poco a poco, a la mujer a sus filas, de tal manera que en su Junta Directiva actual solo hay dos hombres.

Su continuidad en cuanto a futuros Hermanos Mayores está cubierta, pues hay doce para los próximos años.

¡Cómo resplandece Calzada, en la mañana de Jueves Santo, al recorrer, esas trece insuperables y realistas figuras que componen vuestro “paso ” procesional, nuestras calles!. Jesús, desde su mesa, nos invita a todos a compartir su Pan, no lo olvidemos.

Vuestras capas rojas, símbolo de la Sangre de Jesús, forman parte de la rica policromía de esta mañana primaveral. Junto a ellas, el fulgor y relucir de las armaduras puestas por primera vez en esta Semana Santa. Los armaos ya han jurado bandera, en la Plaza de España, y con los sonidos de tambores y cornetas, en ese alegre pasacalles, hace que las escarapelas ondeen al viento y el sol, reflejado en las armaduras, deslumbre al paso marcial de la soldadesca romana. Es una rica combinación de colores, escarapelas de cintas multicolores, faldillas ricamente bordadas, penachos de distinto tipo y colorido convierten a esta mañana en un deleite para la vista.

HERMANDAD DE NUESTRA SRA. DE LA ESPERANZA

La Cofradía de Ntra Sra de la Esperanza, la más joven de todas, apenas salida de quintas, como se decía antes cuando íbamos a la mili, procesionó por primera vez en 1985.

Su fundación se debe a un grupo de personas, veintiuna en concreto, que decidieron dar el paso adelante para su constitución, después de un intento fallido cuando se fundó la Santa Cena, pues pensaban traer al mismo tiempo la imagen de Ntra Sra de la Esperanza, como asimismo de los blanquillos que, en cierta ocasión, también se plantearon la adquisición de una talla bajo la advocación de esta Virgen.

Al principio, como es lógico, tuvo dificultades, sobre todo económicas, pues no había dinero para los primeros gastos y dos personas de la primera Junta Directiva pusieron de su bolsillo quince y veinte mil duros, respectivamente, para la compra de estandarte, bandera, manto, faroles, cetros, corona.... etc. Los primeros cuatro años la Virgen procesionó en un trono que les dejaban los blanquillos y que rápidamente tenían que desmontar, porque les hacía falta a ellos para la noche siguiente.

Acordaron celebrar la procesión Sábado Santo por la noche, pero ante la incompatibilidad litúrgica decidieron procesionar Miércoles Santo por la tarde.

Ante la falta de local, el Ayuntamiento les cedió uno en el Convento, en las antiguas escuelas. Los miembros de la Junta Directiva lo acondicionaron y durante veinte años lo han compartido con los Armaos.

La Hermandad de Ntra Sra de la Esperanza ha pasado por momentos difíciles, muy difíciles, pero, gracias al trabajo y al tesón de sus diversas Juntas Directivas y a la generosidad sin limites del pueblo de Calzada, han sabido salir a flote. Actualmente cuentan con una economía saneada y con un buen patrimonio, como es tener su propia sede, desde hace dos años, donde celebra todos los actos de Semana Santa y el acto del besamanos a la Virgen, que desde que tienen sede propia lo introdujeron, coincidiendo con la festividad de la Virgen, el dieciocho de diciembre. Asimismo por la tarde celebran una solemne función religiosa en honor a su Titular.

El futuro de la Hermandad es halagüeño pues, superados sus problemas, actualmente tiene la Cofradía una lista de treinta y cinco futuros Hermanos Mayores.

Hermanos de la Esperanza, no desfallezcáis, los momentos más difíciles los habéis conseguido superar. Continuar con vuestro trabajo y dedicación a la Cofradía. La Virgen de la Esperanza vela por vosotros.

¿Quién de vosotros no se ha emocionado algún Miércoles Santo, viendo o acompañando a Ntra Sra de la Esperanza?. Recorre majestuosa las calles de Calzada, anunciándonos que no temamos por lo que va a suceder en los días posteriores, Jueves y Viernes Santo. Ella representa lo que todos debemos tener en la vida, esperanza. Nos quiere trasmitir un mensaje; se avecinan días trágicos, pero debemos tener esperanza en lo que Jesús anunció, que resucitará.

Vosotros, cofrades, desfiláis orgullosos al lado de Vuestra Madre. La queréis, la mimáis, os desvivís por Ella, como cualquier hijo por su madre. El tremolar de vuestras capas verdes al viento le da a la tarde del Miércoles Santo un aire festivo, jubiloso y alegre. Es hora de disfrutar de su lento, acompasado y rítmico procesionar. Las horas más amargas están por llegar.

HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESUS NAZARENO

Repasando la historia de la Hermandad de Ntro Padre Jesús Nazareno muchas son las curiosidades y anécdotas que encontramos.

En sus estatutos de 1908, los primeros después de la reorganización de la Cofradía, se recoge que para ingresar en la Hermandad había que pagar una cuota de entrada de veinte reales (cinco pesetas). Pero los hijos y nietos de hermanos no tenían que pagar dicha cuota.

No había entonces tantas reuniones, pues solamente se celebraba el Domingo de Ramos una de la Junta Directiva y otra Sábado Santo, que era la Junta General de Hermanos. En esta Junta se hacía el sorteo de los enterradores, que eran cofrades que debían asistir a los entierros de los hermanos, mujer e hijos. Si no asistían se les imponía una multa de dos reales. Si a algún hermano se le ocurría morirse Viernes Santo asistía al entierro toda la Cofradía. Al hermano que no se vistiera Viernes Santo se le imponía una multa de una peseta.

A la muerte de un hermano la Cofradía sufragaba el pago de veinte misas si el hermano era soltero y de diez misas si era casado, pues las otras diez debían correr por cuenta de su mujer.

En la reunión de la Junta del Domingo de Ramos se hacía el sorteo de las andas, entonces no se subastaban como ahora, y en quien recayera esta suerte ya no volvía a entrar en sorteo hasta que le hubiera tocado a todos los hermanos.

La Cofradía tenía dos secciones: Nazarenos y Armaos.

La economía poco boyante y la carestía de una túnica de negrillo hizo que a mediados de los cincuenta la Junta Directiva se plantease adquirir túnicas para venderlas a plazos, dado el escaso número de hermanos que se vestían en las procesiones. Al final lo que se hizo fue traer terciopelo a un comercio de la localidad y venderlo a precio de coste. Hoy día, contemplando las largas filas de negrillos, de todas las edades, este problema está solucionado, al igual que el futuro de la Cofradía, ya que hay cuarenta y siete hermanos con el deseo de ser Hermanos Mayores.

Todas las procesiones de la Cofradía me llenan de orgullo y emoción, pero hay algunas a las que siempre soy fiel. Jesús Cautivo, con su majestuosidad, solemnidad y silencio llena las noches del Miércoles Santo. Creo que no he faltado nunca, desde que tengo uso de razón, al encuentro con el Cautivo, donde meditando las catorce estaciones del Vía Crucis, a redoble de tambor y toque de bocina, he recorrido las calles de Calzada recordando ese dramático Viernes que comienza cuando Jesús carga con la cruz y termina en el momento de ser sepultado.

Igualmente la tarde del Viernes Santo es cita obligada para cualquier cofrade. Y para mí también lo es. Es la procesión del luto, de los hechos consumados. Al fin se hizo la voluntad del Padre, nos entregó a su Hijo para nuestra salvación.

Pero ante todas y sobre todas hay una…….

Es noche cerrada. Oscuridad absoluta en el patio de San Francisco. Son las seis de la mañana. Un toque de bocina anuncia el inicio de lo que va a ser el recuerdo del día más cruel y doloroso que ha vivido la Humanidad. Se hace el silencio más absoluto. Parece como si no hubiera quedado nadie. Momentos antes todo eran conversaciones medio adormecidas.

El Nazareno aparece en la puerta. La multitud contiene la respiración, se sobrecogen los corazones de muchos negrillos. Solo un halo de luz da vida a su rostro. A más de uno, este momento que hemos vivido año tras año, nos hace contener el aliento y mirarlo fijamente a los ojos. Nuestras pupilas se humedecen, en muchas ocasiones, ante recuerdos pretéritos o plegarias en espera de que sean escuchadas.

Va a iniciar el camino del Calvario. Rodilla en tierra y con su mano izquierda apoyada en la piedra donde ha caído. Con su mirada dulce, que parece querer acariciarnos, mira a sus hijos de Calzada. La brisa suave y, a veces, fría, de primavera mueve su pelo, sujeto por esa corona de espinas que entre todos le ponemos cada día.

Detrás, en el anonimato, como siempre, le acompaña Simón, el Cirineo, un hombre de pueblo como cualquiera de nosotros. Pero, ¿cuántos de nosotros estaríamos dispuestos hoy, desde nuestra vida acomodada y placentera, a ser nuevos cirineos?.

Es uno de los momentos más sublimes y solemnes de nuestros desfiles procesionales. El alba irá despejando dudas sobre su camino de sufrimiento y dolor….

Caminar pausado acompañado por cientos de nazarenos, que como Él portamos la cruz. Pronto le acompañará también su Madre. Ella quiere ir a encontrarse con su Hijo. ¿Qué no haríais vosotras, madres, si pasarais por semejante trance?. No quiere hacer tarde. Le urge verlo. Su corazón va traspasado por siete puñales. ¡Lo que una madre tiene que pasar, a veces, por un hijo!. El alba no ha despejado aún las últimas sombras de la noche amarga del Jueves Santo cuando Ntra Sra de los Dolores, en su trono inigualable y bajo un palio señorial, se encuentra con su Hijo.

Dolorosa calzadera, tres veces te acompañamos en tus salidas procesionales, pero ten por seguro, que siempre estaremos a tu lado. ¡Tus hijos negrillos no te abandonamos!. Cuenta con nosotros para hacer más llevadero ese camino de angustia y dolor que cada Semana Santa recordamos.

HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD

No hay documentos escritos anteriores a 1939 referidos a la Hermandad de Ntra Sra de la Soledad, año en que se produjo la refundación de la Cofradía. Sin embargo, hay constancia de que es la más antigua de nuestra Semana Santa. Ese año se nombró Junta Directiva y acordaron salir casa por casa para apuntar a los hermanos que ya lo eran o a los que deseasen serlo en el futuro.

El primer "paso" que trajeron los blanquillos fue el de "Los azotes", pero solamente “Jesús atado a la columna”, sin los sayones. La economía no daba para más y las velas que antes eran por cuenta de la Hermandad ahora tenían que ser los hermanos quienes llevaran su vela para la procesión. Al no tener a su imagen Titular, en 1940, procesionaron con la imagen de Ntra Sra de los Dolores, de los negrillos. Fue solamente un año, pues en octubre de ese mismo año encargaron la actual imagen de la Soledad, con un coste de mil quinientas pesetas.

Crean en 1957 una Junta de la Sección de Esclavas y el dinero de éstas es para la sección, para los gastos originados en la ermita, que ya habían arreglado. A mediados de los setenta se traen rosas de Pasión para las esclavas, dado que antes no tenían.

Durante unos años instituyeron la llamada "misa de requiem", por los hermanos difuntos de ese año, que se celebraba la semana siguiente a Semana Santa. Actualmente, esta misa por los difuntos de la Hermandad se celebra en la mañana del Jueves de Dolores, antes de la procesión.

Establecieron, a mediados de los setenta, entre la Junta Directiva, la obligación de llevar capa negra en la procesión de Viernes Santo por la noche, para que poco a poco fueran adquiriéndola voluntariamente el resto de los cofrades. Antes solo se llevaba el capillo negro, que era de terciopelo, norma que se implantó en los años veinte. Ahora lo raro sería ver un blanquillo sin su capa negra en la procesión de Viernes Santo.

Hubo tres años en que la procesión de Soledad se celebró Sábado Santo, en 1964 porque llovió y los dos años siguientes, pero en 1967 se volvió a lo de toda la vida, al viernes.

Como en el resto de Hermandades, el futuro está asegurado, pues la lista de solicitudes para ser Hermano Mayor, en años venideros, es de treinta y ocho hermanos.

Sus desfiles procesionales son envidia de cualquiera que nos visite en Semana Santa.

Los blanquillos inician la Semana Santa antes de que ésta comience. Ntra Sra de la Soledad procesiona por primera vez el Jueves de Dolores. Los niños de Calzada acompañan a Ntra Sra de la Soledad cantando la Salve, igual que hicimos nosotros cuando éramos niños. Los cantos infantiles inundan nuestras centenarias calles y llenan la mañana del Jueves de bullicio y alegría, y como los tiempos cambian en algo se ha cambiado también en este día. Antes se estrenaba el Domingo de Ramos. Ahora los niños estrenan su atuendo primaveral el Jueves de Dolores.

Cientos de almas puras quieren estar junto a Ella, por eso sus corazones limpios se inundan de gozo cuando les llega el turno de llevarla. Esperemos que este amor a nuestra Soledad, con el paso del tiempo, no se diluya sino que cada día que pase se acreciente y afiance, pues las bases para ello están puestas.

Recordaréis las interminables filas de blanquillos en la noche del Jueves Santo. Es una procesión para enmarcar. Cuatro “pasos” que nos recuerdan aquella amarga noche, desde Getsemaní hasta la sentencia de Pilatos y siempre acompañando al Hijo, su Madre. En esta noche, Ntra Sra de la Amargura. ¡Qué nombre más bien puesto a esta imagen! ¡Qué amargura la de una Madre que ve como su Hijo es maltratado, vilipendiado, lleno de injurias, negado hasta tres veces por uno de los suyos!. ¡Qué sufrimiento y qué amargura!.

Pero para los blanquillos hay una noche especial. Ésa es la de Viernes Santo.

Su Hijo ha muerto. Ella, vuestra Soledad, tiene una última esperanza. Recorre el mismo camino que hizo su Hijo esta tarde, pero en sentido inverso. La noche más dolorosa, más dura para una madre, para su Madre. Su Hijo ha muerto. Cientos de blanquillos la acompañáis. No queréis que la Madre esté sola esta noche. No la dejáis sola.

¡Blanquillos, sí, blanquillos!, pero todos queréis ir como va Ella, de luto. A su paso, el silencio marca huella en las calles de Calzada. Ha sido un día negro, como vuestras capas y capillos.

¿Qué pensamientos lleváis bajo vuestro capillo?. Seguro que recordáis al familiar, al amigo o al conocido que esta noche falta a su cita y que la acompañó tantos y tantos años, pero ahora ya está gozando al lado de su Soledad, en otro sitio.

Acompañáis a vuestra Reina, a vuestra Señora en esta noche cruel para una madre. No la queréis dejar sola. ¡Hacéis bien!. Estad junto a Ella, como estuvo Juan, el discípulo amado, hasta el último momento.

ASOCIACIÓN CULTURAL “ARMAOS”

Y nos quedan los Armaos. ¿Cómo me iba a olvidar de los Armaos?. ¿Qué decir de los Armaos?. Se podrían decir tantas y tantas cosas.

Los Armaos están estrechamente ligados a nuestra Semana Santa. Son algo intrínseco y esencial dentro de ella, pues la quieren, la sienten, la admiran y la engrandecen.

A principios del siglo XX fueron una sección dentro de la Hermandad de Ntro Padre Jesús Nazareno. Solo podían ser Armaos los hombres y éstos mayores de dieciocho años. De su bolsillo corría el gasto de armadura y ropa. Cuando quedaba una vacante, ésta podía ser ocupada por algún hijo o nieto sin tener que pagar cuota de entrada, que era de un duro, de las que dos pesetas se dedicaban a la conservación y reparación de armaduras.

Había, y sigue habiendo, cuatro cargos dentro de la Compañía: Capitán, Alférez, Sargento y Cabo, siendo la casa del Capitán el cuartel general de la tropa, donde se reunían y de allí salían, aunque donde más tiempo pasaban era en casa del Hermano Mayor y no muy alejados del dornillo de la limoná, de ahí la anécdota que se cuenta al respecto:

El Capitán nombraba a las parejas para hacer guardia ante el Monumento, desde los Oficios de Jueves Santo hasta los del Sábado Santo. Ocurría, en más de una ocasión, que cuando el Cabo iba a hacer el relevo de la guardia, se encontraba a los armaos en el suelo mareados y éstos siempre encontraban el motivo del mareo que, según ellos, no era otro que el olor a cera que había en la iglesia. Pero además del olor a cera había otros motivos, como podía ser la proximidad al dornillo de limoná mencionado anteriormente.

Con las reformas litúrgicas se perdió el Aleluya de Sábado Santo, por la noche. Muchos de vosotros lo recordaréis. El Resucitado estaba colocado al lado del Altar Mayor. Al empezar la misa, con el rezo del Gloria, el monaguillo no paraba de tocar la campanilla, y todos los armaos caían al suelo con gran estrépito.

Como hacían mucho ruido y podían dañar el suelo, que recordaréis era de madera, se cuenta la anécdota de que D. Antonio, el párroco, con el hisopo del agua bendita en la mano al ir bendiciendo decía: " si fuera pólvora, si fuera pólvora....", esto dirigido a los armaos.

Los Armaos son unos fervientes amantes del papel que desempeñan dentro del drama sacro de la Pasión y lo viven como si realmente ocurriera. De ahí algunas anécdotas que les han ocurrido con el devenir de los tiempos.

Ésta ocurrió a principios de los años sesenta, en que un domingo de los que hacían instrucción para ensayar el Parte, bajaban por la calle Real y un coche obstaculiza la marcha de la Compañía. El conductor, bastante enfadado, se baja del coche diciendo que no se puede obstaculizar el tráfico; el Capitán le responde que lo que no se puede es romper una formación y después de unas palabras, el del coche le dice: "sepa usted que está hablando con un capitán del ejercito español", a lo que el armao le responde: "pues sepa usted que está hablando con el Capitán de los armaos, así que de tú a tú poco nos llevamos los dos".

Cuando un armao se moría, asistían al entierro todos vestidos de armaos y con la banda. En la calle Real, donde viven ahora las hermanas Cañadas, en los años 30, vivía un cura del Moral, le decían el cura Novenicas, que tenía una hermana, Dña Manuela, y en cuanto se moría un armao iba a la vecina de al lado, que era mi bisabuela y le decía: "Hermana Concha, prepare usted harina, azúcar y huevos que vamos a hacer rosquillos y barquillos que se ha muerto un armao". Al salir los armaos a la calle, era una forma que tenían de recordar lo que hacían los días previos a la Semana Santa.

Los domingos anteriores a Semana Santa los armaos salían a hacer instrucción y a ensayar el Parte, el cual era leído en casa de los Hermanos Mayores de las distintas Hermandades, correspondiéndole cada domingo a un Hermano Mayor tal honor. Actualmente se sigue haciendo, aunque cada sábado en un lugar distinto del pueblo.

Los armaos inician la Semana Santa con su Jura de Bandera. La mañana de Jueves Santo la Plaza de España se inunda de color y sonidos con la llegada de los armaos. Después de haber recorrido todas las ermitas y la iglesia, en busca de Jesús, se concentran en la plaza. ¡Qué colorido el de sus armaduras recién puestas!. Es el acto al que no falta ningún armao que se precie de serlo. Primero en fila de a uno, después de dos en dos, pasan besando la bandera, su Bandera. Es un acto totalmente castrense, no olvidemos que los armaos son soldados de un ejercito que horas después va a ser protagonista en la desdichada noche de Jesús, a partir de encontrarlo en el Huerto de los Olivos.

El atardecer de Jueves Santo es cita obligada para cientos de calzadeños y visitantes, que año tras año, nos volvemos a encontrar, primero en la Plaza de España, para el acto del Vendimiento, y a continuación en el Patio de San Francisco, para oír el Parte. Muchos años lo hemos escuchado, pero no importa, año tras año volvemos al mismo sitio. Es un acto propio de nuestra Semana Santa. Nuestros armaos lo escenifican de forma magistral.

Pocas son las personas que han tenido o tienen el honor de leer el Parte. Famosos fueron en sus tiempos: Conole, los Pelusos y más concretamente Felipe Boiza, José Miñaca y actualmente Mª Carmen. Cada uno ha tenido y tiene su peculiar forma de leerlo, aunque todos de forma excelente.

Ellos seguirán acompañando a las distintas Hermandades en los actos y procesiones que se celebran. Todos juntos consiguen dar la vistosidad, el color y los contrastes propios de nuestra Semana Santa.

Al estudiar la historia de nuestras Hermandades, he podido observar una serie de cambios que se han ido produciendo con el paso de los años, tanto en el aspecto social, como en costumbres, horarios…

El más importante, quizá haya sido, el de la incorporación de la mujer a la vida de las Hermandades. Comienzan perteneciendo a la sección de esclavas de la Soledad, desde tiempo inmemorial, como asimismo a la sección de esclavas de la Dolorosa, que a mediados de los años cincuenta tenía unas noventa esclavas.

Los Estatutos de la Hermandad de Ntro Padre Jesús Nazareno, de principios del siglo pasado, recogen que las mujeres casadas solamente podían pertenecer a la Cofradía si era con la autorización por escrito del marido. ¡Total no han cambiado los tiempos!.

El pertenecer a una Junta Directiva era impensable para ellas a mediados del siglo pasado, y no es hasta 1977 en que una mujer es la primera en formar parte de una Junta Directiva, en concreto de los blanquillos. Los negrillos no tienen a una mujer en su Junta hasta 1990. En cambio en la Hermandad de Ntra Sra de la Esperanza y en la A.C. Armaos desde su fundación hay mujeres dentro de sus respectivas Juntas. En la Santa Cena la primera mujer que aparece en los Libros de Actas formando parte de la Junta Directiva es en el año 1991.

Como hecho curioso decir que en 1992 los cuatro Hermanos Mayores fueron mujeres.

Un cambio muy notable que se ha producido en nuestra Semana Santa es el concerniente a horarios. Repasando los programas de los años treinta solo había cultos Jueves y Viernes Santo.

Hay una serie de cultos que desaparecen y otros cambian de hora. Como muestra decir que los Oficios de Jueves Santo eran por la mañana y por la tarde era el sermón del Mandato. Éste desaparece cuando los Oficios pasan a celebrarse en la tarde del Jueves Santo. Igualmente desapareció el sermón del Descendimiento y la función del Desclavamiento en la tarde de Viernes Santo, que se hacía con el Cristo yacente, que es articulado.

El Aleluya era a las nueve de la mañana del sábado, hasta 1954 en que se cambia a las doce de la noche, y ya en 1976 deja de celebrarse, pasando al Domingo de Resurrección por la mañana.

La procesión del Domingo de Ramos, se empieza a celebrar a partir de los años cuarenta, con un Jesús viviente, hasta que en 1950 la Hermandad de Ntro Padre Jesús Nazareno adquiere la actual imagen. La procesión del Viernes de Dolores, con el rezo del Vía Crucis, por nuestras calles, se celebra por primera vez en 1968, llevando la imagen de Ntra Sra de los Dolores, celebrándose momentos antes una misa por los hermanos difuntos de la Cofradía.

Una procesión que desapareció es la que se celebraba Sábado Santo por la tarde, llamada Procesión General, cuya finalidad era trasladar todas las imágenes desde la iglesia hasta el Convento, pero acompañadas por las dos Hermandades, Banda de Música y Armaos.

En el año veintinueve la que si aparece en los programas es la procesión del Resucitado, pero a las cinco de la mañana, de ahí el dicho: “que quien no madrugó no la vio". Ahora seguro que habría más gente en la calle, sobre todo gente joven, pues para ellos ésa es una hora muy buena.

Para las Hermandades uno de sus principales problemas ha sido siempre el allegar fondos para hacer frente a los cuantiosos gastos que origina la Semana Santa. En cada época las distintas Juntas Directivas le han ido echando imaginación para conseguir tal fin.

De ahí que nos encontremos con eventos de muy distinta índole, como por ejemplo diversas becerradas, organizadas por la Agrupación de Hermandades, que es lo mismo que la Junta Pro-Semana Santa actual. La primera tuvo lugar en 1908 y trajeron para torear a Joselito, con trece años, que era becerrista aún, y que con el paso de los años fue considerado el mejor torero de todos los tiempos.

La segunda se celebró en la feria de 1911. Esta becerrada fue de convite. Solo pudieron asistir los invitados, sin pagar entrada, solo se les pidió un donativo y se celebró en Sacristanía. En 1927 se celebró la tercera, que tuvo lugar en el molino de los Delmas, que estaba en el callejón de Roba Panes, actual calle Montesinos. En ésta a uno de los toreros, eran todos miembros de las juntas directivas y aficionados locales, le pegaron la coleta con cola de carpintero y por poco para quitársela le tienen que arrancar hasta el pellejo.

Las últimas becerradas, organizadas por la Hermandad de Ntro Padre Jesús Nazareno, se celebraron en 1944, en el molino de Saturnino Camacho, en la calle San Antonio y fueron tres: el Domingo de Resurrección, el día del Corpus y el día de Santiago, que entonces era fiesta grande.

En 1950, el domingo del Salvador, se celebró un gran partido de fútbol, estando formados los equipos por la junta de los blanquillos uno y por la de los negrillos el otro. La entrada costó tres pesetas y todos los jugadores pagaron su correspondiente entrada, pagó hasta el árbitro, que fue Juan Antonio Castro, el de la tienda de electrodomésticos de la calle Real, dado que la finalidad era allegar fondos para nuestra Semana Santa. Algunos de vosotros supongo que lo recordaréis. Cosme, Vicente el Aparcero, Agustín Goerlich, Pepe Magdaleno, José Antonio Camacho y Carlitos Maldonado son los seis que todavía están con nosotros de los veintitrés de aquel partido.

Igualmente se han realizado funciones de cine y festivales de todo tipo, siendo el primero en 1955. Otra forma que tenían de recaudar fondos, ya en los años cuarenta, era hacer una cuestación colocando una mesa petitoria en la fachada del Casino, con papelillos de diez, veinticinco y cincuenta céntimos, que colocaban en la solapa de la chaqueta. Las rifas se empiezan a suceder a partir de los años cuarenta y se rifa de todo, desde un guarro hasta un SEAT 600. La lotería de Navidad, con la que tan familiarizados estamos ahora, se empieza a vender a finales de los cuarenta, en concreto en 1949.

Las Hermandades se ven sin espacio físico para desarrollar sus actos y estando el patio de San Francisco casi en ruinas, los blanquillos deciden en 1955 hacer obras en la ermita, siendo párroco D. Antonio García Parrilla. Dos años más tarde inician las obras del salón. Los negrillos no es hasta los años setenta cuando dan el paso de hacer las obras en el salón donde ahora tienen su sede.

Actualmente gracias al esfuerzo de las distintas Juntas Directivas y al apoyo de todo el pueblo de Calzada hacia su Semana Santa, tres de las cuatro Hermandades tienen sedes propias, que son envidia de cualquier forastero que visite nuestra Semana Santa y se dé una vuelta por el charco. Posteriormente estos salones de la Parroquia los han ampliado con la adquisición de otros solares anexos, ya propiedad de las Hermandades.

Algo muy importante que se ha realizado, en los últimos años, ha sido la restauración de imágenes. Aparte de ir aumentando el patrimonio, las Hermandades deben conservar la riqueza patrimonial que ya poseen. Actualmente están restauradas prácticamente todas las imágenes de la Semana Santa de Calzada. En los últimos cuatro años ha sido uno de los objetivos que se propusieron todas y lo han conseguido.

Una invitación a las Cofradías, trabajad todas juntas y unidas, cada una conservando su idiosincrasia, para de esta forma engrandecer aún más nuestra Semana Santa, dotándola del sentido cristiano que debe tener y no quedándose en meras representaciones externas.

Tened en cuenta que para un cristiano la Semana Santa debe ser ante todo la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. No olvidemos que la celebración principal es la liturgia. No solo hay que "pasear" los misterios, sino que hay que realizarlos, en todos los ámbitos de la vida. No nos dejemos deslumbrar. Las procesiones pueden adquirir una dimensión más profunda, aunque se corre el peligro de que toda expresión masiva pueda perder en intensidad lo que gana en extensión. Pero la Semana Santa no solamente está en la calle, debemos vivirla también en nuestra Parroquia, participando en todos los actos que se celebran en ella. Desde el Domingo de Ramos con el acto de la bendición de las palmas, y su solemne función; Jueves Santo con los Divinos Oficios, Hora Santa y adoración del Santísimo; Viernes Santo con el Vía Crucis matinal y los Oficios vespertinos, culminando con la celebración de la Vigilia Pascual.

Quisiera terminar este pregón dedicándoles unas palabras a los que son el futuro de nuestra Semana Santa: los jóvenes y aquí veo muchos.

Qué duda cabe que, vosotros los jóvenes, en vuestro sábado noche y con el vaso en la mano, en el botellón, sois capaces de abordar temas trascendentes que os unen en la amistad, pero que necesitaríais, durante el día, que personas "con otro horario" os brindaran la posibilidad de desarrollar, con los pies en la tierra, esos ideales de los que hablasteis en el trasnoche. Vuestros valores están ahí, en vosotros; aunque a veces solo subyacen. ¿Quién ha dicho que la juventud de hoy ha perdido el sentido de los valores?.

La Iglesia, desde su labor continua, y aprovechando acontecimientos como éste de la Semana Santa, a través de las Hermandades, al recordar el testimonio del Maestro, que nos mostró el Camino de su Vida, Pasión, Muerte y Resurrección, puede y debe animaros a vosotros jóvenes a que os conquistéis a vosotros mismos, a que desarrolléis vuestros talentos personales: voluntad, autoestima, deseo de superación.... Que descubráis la trascendencia de la vida y no seáis esclavos de lo material.

Dios quiere que os sintáis llamados a asumir la parte que os corresponde en la marcha del mundo y en la misión de la Iglesia. Con motivo del Año Internacional de la Juventud, Juan Pablo II dirigió una carta a los jóvenes y os recordaba que de vosotros depende el futuro. Por ello os decía: "No permanezcáis pasivos; asumid todas vuestras responsabilidades, en todos los campos abiertos a vosotros, en nuestro mundo".

La sociedad pide a gritos que atendamos las necesidades producidas por las guerras, los cataclismos, la marginación...... Urgen actitudes de solidaridad, desprendimiento, justicia social. ¡Ahí tenéis que estar vosotros!.

Jóvenes de Calzada, yo desde aquí, humildemente, os doy un voto de confianza. La juventud es buena por naturaleza. En vuestras manos está el futuro, no lo dejéis escapar. Subiros a este carro del Amor a Cristo. Nuestras Hermandades y Cofradías también os necesitan. Arrimar el hombro, porque podéis y porque sabéis. Debéis ser el futuro de nuestra Semana Santa y de nuestra Iglesia.

Pero la Semana Santa es algo más que meros recuerdos de mi infancia y adolescencia y recorrido por las Hermandades de Calzada.

La Semana Santa es la celebración del hecho más importante de la historia de la Humanidad.

Todo el Misterio de la Pasión y Muerte de Jesús no tendría ningún sentido si no terminara con la Resurrección. Si no hubiera resucitado, la Semana Santa no sería más que como la ven algunos: cultura, arte, antropología, fenómeno social, fiesta de la primavera.....

La Semana Santa es la vigilia y el anuncio de la Gran Fiesta de la Luz, la fiesta del sepulcro vacío, de la esperanza cumplida. La vida tiene que triunfar sobre la muerte. La luz sobre las tinieblas. La alegría sobre el dolor. Cristo resucitado sobre Cristo muerto. Fue necesario, era necesario, un Cristo muerto, para tener un Cristo resucitado y Cristo resucitó. Ésta es la gran verdad del cristianismo. Cristo murió y Cristo resucitó.

Y con la Resurrección de Jesús, llega la última procesión de nuestra Semana Santa. Jesús Resucitado desde la Parroquia, Ntra Sra de la Soledad desde el Convento. Blanquillos y negrillos convergen lentamente hacia la Plaza de España. Allí la multitud espera impaciente. Se va a producir un año más el encuentro de la Madre con su Hijo.

Palabras de júbilo, alegría y esperanza de D. José Antonio. La Madre se quita el luto, su Hijo ha resucitado. Las palomas blancas surcan el cielo calzadeño; es símbolo de paz, vida y alegría.

A continuación se reanuda la procesión. Una de las más alegres y a la vez la más triste. ¡No importa el tiempo que tarde!. Todos esperaremos. La Semana Santa termina.

¿Y el último pasacalles?. Es el culmen de la alegría y la tristeza, al mismo tiempo. ¡Qué paradoja!. Alegría entre las diversas Juntas Directivas por el trabajo bien hecho durante todo el año y para los nuevos Hermanos Mayores que salen a la calle, por primera vez, con sus banderas al hombro. ¡Cuántas ilusiones llevan!. Y tristeza, para los que tendrán que dejar de nuevo el pueblo, su pueblo, así como para los que vivimos con intensidad la Semana Santa, pues todavía nos queda un año por delante para que llegue la próxima.

Calzada se arremolina en las aceras de la calle Real y en las inmediaciones de la Plaza de España, para ver desfilar sus bandas al son de alegres marchas que llenan la tarde de joviales y jubilosos sonidos, ¡aunque sean las cuatro de la tarde!. Se acaba nuestra Semana Santa. Es nuestro último pasacalles y solo Dios sabe cual será el siguiente.

He visto gente llorar en este último pasacalles, cada uno tiene su motivo. Yo también lo hice, cuando cogí la bandera de Hermano Mayor de Ntro Padre Jesús Nazareno. Era una mezcla de alegría por lo que recibía y de añoranzas y recuerdos por las personas ausentes que no podían disfrutar conmigo de estos entrañables momentos. ¡Eso no es para contarlo, es para vivirlo, os lo puedo asegurar!.

Y con el fin del pasacalles comienza una nueva Semana Santa. Una Semana Santa tejida amorosamente por nuestras Hermandades en su ir y venir penitencial y que para conservarla y realzarla hace falta…¡AMOR!. Amor a la tradición, amor a nuestros pasos procesionales y amor a Calzada.

HE DICHO.

 
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